18.11.09

La ‘Caritas in veritate’ vista por cristianos, judíos y musulmanes

Analistas y estudiosos de las tres religiones monoteístas –islámicos, judíos y cristianos- han participado en una jornada sobre la 'Caritas in veritate', de Benedicto XVI. El acto se ha celebrado en Roma.

13 de noviembre de 2009

Algunos de los ponentes en la Jornada de reflexión sobre la 'Caritas in veritate'.

La mesa redonda ha sido convocada por la Fundación Promoción Social de la Cultura y la Universidad de la Santa Cruz, una iniciativa del Opus Dei que ofrece estudios de Teología, Filosofía, Derecho Canónico y Comunicación Social en Roma.

Stefano Zamagni, profesor de Economia Politica en la Universidad de Bolonia, dijo que “la encíclica “Caritas in veritate” recompone todo lo que ha sido separado en los últimos siglos”, volviendo a recuperar, por ejemplo, “el concepto global de creación y distribución de la riqueza”. En el mundo actual, añadió Zamagni, se ha sustituido el “bien común” por el “bien global”, que es la suma de los bienes individuales.

Youssef El- Khalil, libanés, presidente de la Associazione d’Aide au Développement Rural (ADR) y director financiero de la Banca Central del Libano explicó que el concepto de “justicia” es clave en el Islam. De ella derivan el principio fundamental de la justicia social, que asegura una redistribución de la riqueza para cubrir las necesidades sociales fundamentales”.

Asimismo, aclaró que “la caridad en el Islam está muy unida al concepto de misericordia”, y al respeto de los demás. El-Khalil invitó a los presentes a sustituir el concepto de “solidariedad” por el de “fraternidad”, tal y como propone la encíclica.

Por su parte, el diplomático hebreo, primer embajador ante la Santa Sede, Samuel Hadas señaló que la “Caritas in veritatis” es “una invitación a las religiones para crear un diálogo activo y sincero para contribuir a mejorar las relaciones entre los pueblos”.

12.11.09

Homilía en la Basílica de los Doce Apóstoles

Homilía durante la Sta. Misa en acción de gracias por la beatificación del fundador del Opus Dei

19 de mayo de 1992


Se identificó con la Voluntad de Dios

El Apocalipsis de San Juan, que nos habla de tantos acontecimientos atroces del pasado y del futuro de nuestra historia, abre no obstante el cielo sobre la tierra y nos enseña que Dios no deja el mundo de su mano. Por mucho mal que pueda haber, al final está su victoria. De en medio de las miserias de la tierra surge la alabanza. El trono de Dios está rodeado de un coro siempre creciente de almas salvadas, cuyas vidas se han convertido en un movimiento de alegría y de gloria, olvidados de sí mismos. Este coro no sólo canta en el más allá, sino que se va preparando en medio de la historia y ya está presente en ella de forma oculta.

Esto se manifiesta claramente en la voz que proviene del trono, es decir del Dios oculto: «Alabad a nuestro Dios todos sus siervos y cuantos le teméis, pequeños y grandes» (Apc 19, 5). Esto es una llamada a nuestro mundo para que nos dediquemos a lo único importante y pertenecer así, ya ahora, a la liturgia de la eternidad.

La beatificación de Josemaría Escrivá nos dice que este sacerdote de nuestro siglo se encuentra en el coro de los que alaban a Dios y que en él se hacen realidad las palabras de la lectura de hoy: «A los que predestinó (...) a esos también los glorificó» (Rom 8, 30). La glorificación no pertenece al futuro, sino que ya ha tenido lugar: nos lo recuerdan las beatificaciones. «Alabad a nuestro Dios (...), pequeños y grandes»: Josemaría Escrivá oyó esta voz y la entendió como la vocación de su vida, pero no la aplicó solamente a sí mismo y a su propia vida. Consideró como misión suya transmitir la voz que sale del trono, hacerla oír en nuestro siglo. Ha invitado a los grandes y a los pequeños a alabar a Dios, y precisamente por esto él mismo ha glorificado a Dios.

Josemaría Escrivá se dio cuenta muy pronto de que Dios tenía un plan con él, de que quería algo de él. Pero no sabía qué era. ¿Cómo podría encontrar la respuesta, dónde debía buscarla? Se puso a buscar, sobre todo escuchando la palabra de Dios, la Sagrada Escritura. Leía la Biblia no como un libro del pasado, ni como un libro de problemas sobre los que discutimos, sino como una palabra del presente, que nos habla hoy: una palabra en la que cada uno de nosotros somos protagonistas y debemos buscar nuestro sitio, para encontrar nuestro camino. En esta búsqueda le movió especialmente la historia del ciego Bartimeo que, sentado a la vera del camino de Jericó, oyó que pasaba Jesús e imploró a gritos su misericordia (Cfr Mc 10, 46-52). Mientras los discípulos intentaban hacer callar al mendigo ciego, Jesús se dirigió a él y le preguntó: «¿Qué quieres que te haga?» Bartimeo le respondió: «¡Señor, que vea!» Josemaría se reconocía a sí mismo en Bartimeo: ¡Señor, que vea! era su constante clamor: ¡Señor, hazme ver tu voluntad!

El hombre empieza a ver verdaderamente, cuando aprende a ver a Dios. Y comienza a ver a Dios, cuando ve su voluntad y está dispuesto a hacerla suya. El deseo de ver la voluntad de Dios y de identificar la propia voluntad con la suya fue siempre el verdadero móvil de la vida de Escrivá «Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.» Ese deseo y esa incesante súplica le fueron preparando para responder, en el momento de la iluminación, como Pedro: «Señor, en tu nombre echaré la red» (Lc 5, 5). Su sí no era menos aventurado que aquel sí en el lago de Genesaret después de una noche infructuosa: España se encontraba revuelta por el odio a la Iglesia, a Cristo, a Dios. Intentaban arrancar del país a la Iglesia, cuando recibió el encargo de echar la red para Dios. Desde entonces y a lo largo de toda su vida, como pescador de Dios, fue echando la red divina sin cansancio en las aguas de nuestra historia, para atraer a la luz a grandes y pequeños, para devolverles la vista.

La voluntad de Dios. San Pablo dice sobre esto a los Tesalonicenses: «Ésta es la voluntad de Dios, vuestra santificación» (Thes 4, 3). La voluntad de Dios es, en último término, muy sencilla, y en su núcleo siempre la misma: la santidad. Y santidad significa, como nos dice la Lectura de hoy, llegar a ser semejantes a Cristo (Cfr Rom 8, 29). Josemaría Escrivá consideró esta llamada no sólo dirigida a sí mismo, sino sobre todo como un encargo para transmitir a los demás: animar a la santidad y congregar para Cristo una comunidad de hermanos y hermanas.

El significado de la palabra «santo» ha experimentado a lo largo de los tiempos un estrechamiento peligroso, que sin duda sigue influyendo aún hoy. Nos hace pensar en los santos que vemos representados en los altares, en milagros y virtudes heroicas, y nos sugiere que la santidad es para unos pocos elegidos, entre los que no nos podemos incluir. Entonces dejamos la santidad para esos pocos, cuyo número desconocemos, y nos conformamos simplemente con ser como somos.

En medio de esta apatía espiritual, Josemaría Escrivá ha actuado como un despertador, clamando: No, la santidad no es lo extraordinario sino lo ordinario, lo normal para cada bautizado. La santidad no consiste en ciertos heroísmos imposibles de imitar, sino que tiene mil formas y puede hacerse realidad en cualquier sitio y profesión. Es lo normal y consiste en dirigir a Dios la vida ordinaria y penetrarla con el espíritu de la fe.

Consciente de este encargo, nuestro Beato viajó incansablemente por distintos continentes, hablando a las gentes para animarles a ser santos, a vivir la aventura de ser cristianos dondequiera que sea el sitio de cada uno en la vida. Así, llegó a ser el gran hombre de acción, que vivía de la voluntad de Dios y llamaba a otros hacia ella sin convertirse por eso en un «moralizador». Sabía que no podemos hacernos justos a nosotros mismos; igual que el amor presupone lo pasivo de ser amado, así la santidad va siempre unida a algo pasivo: aceptar el ser amado por Dios.

Su fundación se llama Opus Dei , no Opus nostrum. No quería crear su obra, la obra de Josemaría Escrivá: no pretendía hacerse un monumento a sí mismo. Mi obra no es mía, podía y quería decir en la línea de Cristo, en identificación con Él (Cfr Ioh 7, 16): no quería hacer lo suyo propio, sino dejar sitio a Dios, para que hiciera su Obra. Seguramente era consciente también de lo que Jesús nos dice en el Evangelio de San Juan: «La obra de Dios es que creáis» (Ioh 6, 29), es decir, entregarnos a Dios para que pueda actuar a través de nosotros.

De esta manera surge una nueva identificación con una palabra de la Escritura. La palabra de Pedro en el Evangelio de hoy llegó a ser su propia palabra: Homo peccator sum -soy un hombre pecador-. Cuando nuestro Beato reconoció la pesca abundante de su vida, se asustó como Pedro al ver su miseria en comparación con lo que Dios quería hacer en y a través de él. Se llamaba a sí mismo «fundador sin fundamento» e «instrumento inepto»: sabía y veía con claridad que todo eso no lo había hecho él, que no podía hacerlo, sino que Dios actuaba a través de un instrumento que parecía totalmente inepto. Y esto es lo que, en último término, quiere decir «virtud heroica»: se hace realidad lo que sólo Dios puede hacer.

Josemaría reconocía su miseria, pero se entregó a Dios sin preocuparse de sí mismo, sino manteniéndose disponible para la voluntad de Dios; prescindió de sí mismo y de todo interés personal. Una y otra vez hablaba de sus «locuras»: comenzar sin ningún medio, empezar en medio de lo imposible. Parecían locuras que debía arriesgarse a hacer, y se arriesgó. En este contexto vienen a la mente aquellas palabras de su gran compatriota Miguel de Unamuno: «Sólo los locos hacen lo sensato, los sabios no hacen más que tonterías». Se atrevía a ser algo así como un Don Quijote de Dios. ¿O acaso no parece «quijotesco» enseñar, en medio del mundo de hoy, la humildad, la obediencia, la castidad, el desprendimiento de las cosas materiales, el olvido de sí? La voluntad de Dios era para él lo verdaderamente razonable y así se mostró racional lo aparentemente irracional.

La voluntad de Dios. La voluntad divina tiene su lugar concreto y su forma concreta en este mundo: tiene un cuerpo. El Cuerpo de Cristo ha quedado en la Iglesia. Por eso no se puede separar la obediencia a la voluntad de Dios, de la obediencia a la Iglesia. Solamente si incluyo mi propia misión en la obediencia a la Iglesia, tengo la garantía de considerar mis propios ideales como la voluntad de Dios, de seguir realmente su llamada. Por eso, para Josemaría Escrivá el baremo básico de su misión fue siempre la obediencia a la Iglesia jerárquica y la unión con ella. En esto no hay nada de positivismo, de autoridad: la Iglesia no es un sistema de poder; no es una asociación para fines religiosos, sociales o morales, que va ideando el modo de alcanzar mejor esos fines; y, si fuera el caso, lo sustituye por otros más acordes con los tiempos actuales.

La Iglesia es un Sacramento. Esto significa que no se pertenece a sí misma. No realiza su propia obra, sino que debe estar disponible para la obra de Dios. Está vinculada a la voluntad de Dios. Los Sacramentos son la estructura de su vida, y el centro de los sacramentos es la Eucaristía, en la que tocamos del modo más inmediato esta presencia real de Jesucristo. Por eso, para nuestro Beato, eclesialidad significaba ante todo vivir desde el centro de la Iglesia, que es la Eucaristía. Amaba y proclamaba la Eucaristía en todas sus dimensiones: como adoración del Señor presente entre nosotros de modo oculto pero real; como don, en el que Él mismo se nos comunica una y otra vez; como sacrificio, conforme a aquellas palabras de la Escritura: «No quisiste sacrificios ni oblaciones, pero me has preparado un cuerpo» (Heb 10, 5, cfr Ps 40, 6-8). Cristo sólo se puede distribuir, porque se ha ofrecido, porque ha salido de sí mismo mediante el amor, porque se ha entregado y se entrega. Solamente llegaremos a ser conformes a la Imagen del Hijo, si entramos en ese movimiento del amor que se da, si nos convertimos en sacrificio: el amor no es posible sin el aspecto pasivo de la “passio” que nos transforma y abre.

Cuando a la edad de dos años Josemaría Escrivá había enfermado muy gravemente y estaba desahuciado por los médicos, su madre decidió dedicarlo a María. Con indecibles dificultades llevó a su hijo, por un camino áspero, a la Ermita de Nuestra Señora de Torreciudad y lo entregó allí a la Madre del Señor, para que fuese madre de él. Así Josemaría se supo toda su vida bajo el manto de la Virgen, que era su Madre. En su cuarto de trabajo, frente a la puerta, había un cuadro de Nuestra Señora de Guadalupe; esta imagen acogía su primera mirada cada vez que entraba. Recibió también su última mirada. A la hora de su muerte, apenas había entrado en la habitación y mirado a la imagen de la Madre, cayó al suelo. Mientras moría tocaban las campanas, el Ángelus, anunciando el “fiat” de María y la gracia de la Encarnación del Hijo, nuestro Salvador. En este signo, que estaba al principio de su vida y le señalaba la dirección, volvió a Dios.

Vamos a dar gracias ad Señor por este testigo de la fe en nuestro tiempo, por este incansable pregonero de su voluntad, y vamos a pedir: ¡Señor, que yo también vea! ¡Haz que reconozca tu voluntad y la haga! Amén.

6.11.09

"¡Ánimo, África, levántate!"

Fieles y obispos africanos han participado en un sínodo sobre África. Presentamos algunas frases de Benedicto XVI y una entrevista a Florencee Oloo, consultora del Sínodo y vicerrectora de la Strathmore University.

29 de octubre de 2009

FLORENCE OLOO, VICERRECTORA STRATHMORE UNIVERSITY

Florence Oloo es vicerrectora en Strathmore University, una universidad en cuyo origen está el mensaje de San Josemaría Escrivá, fundador del Opus Dei. Recientemente, el Santo Padre le invitó a participar como consultora en el Sínodo sobre Africa que se ha celebrado en el Vaticano.



La profesora Oloo estudió Químicas en Kenya, y obtuvo el doctorado con una tesis en la especialidad de Electroquímica. "Cuando voy a los colegios a animar a las niñas a no abandonar los estudios, les digo: ¡Ánimo, se puede! ¡Una mujer puede llegar lejos en Africa!".

Sobre el Sínodo, dice que "he intentado aportar mi experiencia como investigadora y profesora universitaria en un país africano. Asimismo, quizá como mujer también he podido aportar una visión que ha enriquecido el debate."

La acción de los cristianos en el continente marcará, según Oloo, el futuro de África: "Gracias a Dios, la Iglesia en África ha crecido en los últimos 15 años a pasos agigantados. Es, sin duda, una buena noticia, que va cargada de nuevas responsabilidades: los cristianos necesitamos vivir una profunda vida de fe y desarrollar nuestro trabajo de acuerdo con la doctrina social de la Iglesia".

Se lleva un recuerdo del Papa: su fe en el continente africano: "Como el Papa Benedicto XVI nos dijo en la Misa de inauguración del Sínodo, Africa es un enorme “pulmón espiritual”. Esto resume todo. Al mismo tiempo, nos alertó de los posibles virus que pueden debilitar este pulmón: el materialismo y los fundamentalismos".

Florence regresa a Kenya convencida de que el futuro de África tiene una sola palabra: "Educación".

Vídeo-entrevista a Florence Oloo:
http://www.youtube.com/watch?v=u94s1eK2Kr0

Website de Strathmore University:
http://www.strathmore.edu/

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PALABRAS DE BENEDICTO XVI AL FINALIZAR EL SINODO DE ÁFRICA


"Levántate, Iglesia en África, familia de Dios, porque te llama el Padre celestial a quien tus antepasados invocaban como Creador, antes de conocer su cercanía misteriosa, que se ha revelado en su Hijo unigénito, Jesucristo".



"La urgente acción evangelizadora, de la que mucho se ha hablado en estos días, comporta también un fuerte llamamiento a la reconciliación, condición indispensable para instaurar en África relaciones de justicia entre los hombres para construir una paz justa y duradera".

"En esta comprometida misión tu, Iglesia peregrina en el África del tercer milenio, no estás sola. Te está cercana con la oración y la solidaridad di facto toda la Iglesia católica, y desde el cielo te acompañan los santos y las santas africanas que, con la vida a veces hasta el martirio, han dado testimonio de plena fidelidad a Cristo".

"¡Ánimo! Levántate, Continente africano, (...) acoge con renovado entusiasmo el anuncio del Evangelio para que el rostro de Cristo pueda iluminar con su esplendor las múltiples culturas y lenguajes de tus poblaciones".

"Mientras ofrece el pan de la Palabra y de la Eucaristía, la Iglesia se empeña en obrar, con todo medio disponible, para que a ningún africano falte el pan cotidiano. Por esto, junto a la obra de primaria urgencia de la evangelización, los cristianos intervienen activamente en la promoción humana".

27.10.09

El Año sacerdotal permitirá redescubrir la pastoral vocacional

Julio 4, 2009

Discurso que dirigió hoy Benedicto XVI a los participantes en el congreso europeo de pastoral vocacional en el Vaticano.

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Queridos hermanos y hermanas:

Con verdadera alegría me encuentro con vosotros, pensando en el valioso servicio pastoral que realizáis en el ámbito de la promoción, animación y discernimiento de las vocaciones. Habéis venido a Roma para participar en un congreso de reflexión, confrontación e intercambio entre las Iglesias de Europa, que tiene por tema "Sembradores del Evangelio de la vocación: una Palabra que llama y envía" y cuya finalidad es dar nuevo impulso a vuestro compromiso en favor de las vocaciones.

Para cada diócesis, la atención a las vocaciones constituye una de las prioridades pastorales, que asume más valor aún en el contexto del Año sacerdotal recién iniciado. Por eso, saludo de corazón a los obispos delegados para la pastoral vocacional de las distintas Conferencias episcopales, así como a los directores de los centros vocacionales nacionales, a sus colaboradores y a todos los presentes.

En el centro de vuestros trabajos habéis puesto la parábola evangélica del sembrador. El Señor arroja con abundancia y gratuidad la semilla de la Palabra de Dios, aun sabiendo que podrá encontrar una tierra inadecuada, que no le permitirá madurar a causa de la aridez, y que apagará su fuerza vital ahogándola entre zarzas. Con todo, el sembrador no se desalienta porque sabe que parte de esta semilla está destinada a caer en "tierra buena", es decir, en corazones ardientes y capaces de acoger la Palabra con disponibilidad, para hacerla madurar en la perseverancia, de modo que dé fruto con generosidad para bien de muchos.

La imagen de la tierra puede evocar la realidad más o menos buena de la familia; el ambiente con frecuencia árido y duro del trabajo; los días de sufrimiento y de lágrimas. La tierra es, sobre todo, el corazón de cada hombre, en particular de los jóvenes, a los que os dirigís en vuestro servicio de escucha y acompañamiento: un corazón a menudo confundido y desorientado, pero capaz de contener en sí energías inimaginables de entrega; dispuesto a abrirse en las yemas de una vida entregada por amor a Jesús, capaz de seguirlo con la totalidad y la certeza que brota de haber encontrado el mayor tesoro de la existencia. Quien siembra en el corazón del hombre es siempre y sólo el Señor. Únicamente después de la siembra abundante y generosa de la Palabra de Dios podemos adentrarnos en los senderos de acompañar y educar, de formar y discernir. Todo ello va unido a esa pequeña semilla, don misterioso de la Providencia celestial, que irradia una fuerza extraordinaria, pues la Palabra de Dios es la que realiza eficazmente por sí misma lo que dice y desea.

Hay otra palabra de Jesús que utiliza la imagen de la semilla, y que se puede relacionar con la parábola del sembrador: "Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda él solo; pero si muere, da mucho fruto" (Jn 12, 24). Aquí el Señor insiste en la correlación entre la muerte de la semilla y el "mucho fruto" que dará. El grano de trigo es él, Jesús. El fruto es la "vida en abundancia" (Jn 10, 10), que nos ha adquirido mediante su cruz. Esta es también la lógica y la verdadera fecundidad de toda pastoral vocacional en la Iglesia: como Cristo, el sacerdote y el animador deben ser un "grano de trigo", que renuncia a sí mismo para hacer la voluntad del Padre; que sabe vivir oculto, alejado del clamor y del ruido; que renuncia a buscar la visibilidad y la grandeza de imagen que hoy a menudo se convierten en criterios e incluso en finalidades de la vida en buena parte de nuestra cultura y fascinan a muchos jóvenes.

Queridos amigos, sed sembradores de confianza y de esperanza, pues la juventud de hoy vive inmersa en un profundo sentido de extravío. Con frecuencia las palabras humanas carecen de futuro y de perspectiva; carecen incluso de sentido y de sabiduría. Se difunde una actitud de impaciencia frenética y una incapacidad de vivir el tiempo de la espera. Sin embargo, esta puede ser la hora de Dios: su llamada, mediante la fuerza y la eficacia de la Palabra, genera un camino de esperanza hacia la plenitud de la vida. La Palabra de Dios puede ser de verdad luz y fuerza, manantial de esperanza; puede trazar una senda que pasa por Jesús, "camino" y "puerta", a través de su cruz, que es plenitud de amor.

Este es el mensaje que nos deja el Año paulino recién concluido. San Pablo, conquistado por Cristo, fue un promotor y formador de vocaciones, como bien se desprende de los saludos de sus cartas, donde aparecen decenas de nombres propios, es decir, rostros de hombres y mujeres que colaboraron con él al servicio del Evangelio. Este es también el mensaje del Año sacerdotal recién iniciado: el santo cura de Ars, Juan María Vianney -que constituye el "faro" de este nuevo itinerario espiritual- fue un sacerdote que dedicó su vida a la guía espiritual de las personas, con humildad y sencillez, "gustando y viendo" la bondad de Dios en las situaciones ordinarias. Así, fue un verdadero maestro en el ministerio de la consolación y del acompañamiento vocacional.

Por tanto, el Año sacerdotal brinda una magnífica oportunidad para volver a encontrar el sentido profundo de la pastoral vocacional, así como sus opciones fundamentales de método: el testimonio, sencillo y creíble; la comunión, con itinerarios concertados y compartidos en la Iglesia particular; la cotidianidad, que educa a seguir al Señor en la vida de todos los días; la escucha, guiada por el Espíritu Santo, para orientar a los jóvenes en la búsqueda de Dios y de la verdadera felicidad; y, por último, la verdad, que es lo único que puede generar libertad interior.

Que la Palabra de Dios, queridos hermanos y hermanas, sea en cada uno de vosotros fuente de bendición, de consuelo y de confianza renovada, para que podáis ayudar a muchos a "ver" y "tocar" al Jesús que ya han acogido como Maestro. Que la Palabra del Señor habite siempre en vosotros, renueve en vuestro corazón la luz, el amor y la paz que sólo Dios puede dar, y os capacite para testimoniar y anunciar el Evangelio, fuente de comunión y de amor. Con este deseo, que encomiendo a la intercesión de María santísima, os imparto de corazón a todos la bendición apostólica.

19.10.09

El Año Sacerdotal, una oportunidad de “renovación interior”

Julio 1º., 2009

Catequesis pronunciada hoy por el Papa durante la audiencia general de los miércoles, con los peregrinos congregados en la Plaza de San Pedro.

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Queridos hermanos y hermanas:

Con la celebración de las Primeras Vísperas de la solemnidad de los santos apóstoles Pedro y Pablo en la Basílica de San Pablo Extramuros se ha cerrado, como sabéis, el 28 de junio, el Año Paulino, en recuerdo del segundo milenio del nacimiento del Apóstol de los Gentiles. Damos gracias al Señor por los frutos espirituales que esta importante iniciativa ha aportado a tantas comunidades cristianas. Como preciosa herencia del Año Paulino, podemos recoger la invitación del Apóstol a profundizar en el conocimiento del misterio de Cristo, para que sea Él el corazón y el centro de nuestra existencia personal y comunitaria. Ésta es, de hecho, la condición indispensable para una verdadera renovación espiritual y eclesial. Como subrayé ya durante la primera Celebración eucarística en la Capilla Sixtina tras mi elección como sucesor del Apóstol San Pedro, es precisamente de la plena comunión con Cristo de donde “brotan todos los demás elementos de la vida de la Iglesia, en primer lugar la comunión entre todos los fieles, el empeño de anunciar y dar tetsimonio del Evangelio, el ardor de la caridad hacia todos, especialmente hacia los pobres y los pequeños” (Cf. Enseñanzas, I, 2005, pp. 8-13). Esto vale en primer lugar para los sacerdotes. Por esto doy gracias a la Providencia divina que nos ofrece ahora la posibilidad de celebrar el Año Sacerdotal. Auguro de corazón que éste constituya para cada sacerdote una oportunidad de renovación interior y, en consecuencia, de firme revigorización en el compromiso hacia la propia misión.

Como durante el Año Paulino nuestra referencia constante ha sido san Pablo, así en los próximos meses miraremos en primer lugar a san Juan María Vianney, el santo Cura de Ars, recordando el 150 aniversario de su muerte. En la carta que he escrito para esta ocasión a los sacerdotes, he querido subrayar lo que resplandece sobre todo en la existencia de este humilde ministro del altar: “su total identificación con el propio ministerio”. Él solía decir que “un buen pastor, un pastor según el corazón de Dios, es el tesoro más grande que el buen Dios puede conceder a una parroquia y uno de los dones más preciosos de la misericordia divina”. Y casi sin poder concebir la grandeza del don y de la tarea confiados a una pobre criatura humana, suspiraba: “¡Oh, qué grande es el sacerdote!... si se comprendiera a sí mismo, moriría... Dios le obedece: él pronuncia dos palabras y Nuestro Señor desciende del cielo a su voz y se mete en una pequeña hostia”.

En verdad, precisamente considerando el binomio “identidad-misión”, cada sacerdote puede advertir mejor la necesidad de esa progresiva identificación con Cristo que le garantiza la fidelidad y la fecundidad del testimonio evangélico. El mismo título del Año Sacerdotal – Fidelidad de Cristo, fidelidad del sacerdote – evidencia que el don de la gracia divina precede toda posible rspuesta humana y realización pastoral, y así, en la vida del sacerdote, anuncio misionero y culto no son separables nunca, como tampoco se separan la identidad ontológico-sacramental y la misión evangelizadora. Por lo demás, el fin de la misión de todo presbítero, podríamos decir, es “cultual”: para que todos los hombres puedan ofrecerse a Dios como hostia viva, santa, agradable a Él (Cf. Rm 12,1), que en la misma creación, en los hombres, se convierte en culto, alabanza del Creador, recibiendo aquella caridad que estan llamados a dispensarse abundantemente unos a otros. Lo advertimos claramente en los inicios del cristianismo. San Juan Crisóstomo decía, por ejemplo, que el sacramento del altar y el “sacramento del hermano”, o, como dice, el “sacramento del pobre”, constituyen dos aspectos del mismo misterio. El amor al prójimo, la atención a la justicia y a los pobres, no son solamente temas de una moral social, sino más bien expresión de una concepción sacramental de la moralidad cristiana, porque, a través del ministerio de los presbíteros, se realiza el sacrificio espiritual de todos los fieles, en unión con el de Cristo, único Mediador: sacrificio que los presbíteros ofrecen de forma incruenta y sacramental en espera de la nueva venida del Señor. Ésta es la principal dimensión, esencialmente misionera y dinámica, de la identidad y del ministerio sacerdotal: a través del anuncio del Evangelio engendran en la fe a aquellos que aún no creen, para que puedan unir el sacrificio de Cristo a su sacrificio, que se traduce en amor a Dios y al prójimo.

Queridos hermanos y hermanas, frente a tantas incertidumbres y cansancios, también en el ejercicio del ministerio sacerdotal es urgente recuperar un juicio claro e inequívoco sobre el primado absoluto de la gracia divina, recordando lo que escribe santo Tomás de Aquino: “El más pequeño don de la gracia supera el bien natural de todo el universo” (Summa Theologiae, I-II, q. 113, a. 9, ad 2). La misión de cada presbítero dependerá, por tanto, también y sobre todo de la conciencia de la realidad sacramental de su “nuevo ser”. De la certeza de su propia identidad, no construida artificialmente sino dada y acogida gratuitamente y divinamente, depende siempre el renovado entusiasmo del sacerdote por su misión. También para los prebíteros vale lo que he escrito en la Encíclica Deus caritas est: “En el origen del ser cristiano no hay una decisión ética o una gran idea, sino más bien el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que trae a la vida un nuevo horizonte y con ello la dirección decisiva” (n. 1).

Habiendo recibido un tan extraordinario don de la gracia con su “consagración”, los presbíteros se convierten en testigos permanentes de su encuentro con Cristo. Partiendo precisamente de esta conciencia interior, éstos pueden llevar a cabo plenamente su “misión”, mediante el anuncio de la Palabra y la administración de los Sacramentos. Tras el Concilio Vaticano II, se ha producido aquí la impresión de que en la misión de los sacerdotes, en este tiempo nuestro, haya algo más urgente; algunos creían que se debía construir en primer lugar una sociedad distinta. La página evangélica que hemos escuchado al principio llama, en cambio, la atención sobre los dos elementos esenciales del ministerio sacerdotal. Jesús envía, en aquel tiempo y ahora, a los Apóstoles a anunciar el Evangelio y les da el poder de cazar a los espíritus malignos. “Anuncio” y “poder”, es decir, “palabra” y “sacramento”, son por tanto las dos comunes fundamentales del servicio sacerdotal, más allá de sus posibles múltiples configuraciones.

Cuando no se tiene en cuenta el “díptico” consagración-misión, resulta verdaderamente difícil comprender la identidad del presbítero y de su ministerio en la Iglesia. ¿Quién es de hecho el presbítero, si no un hombre convertido y renovado por el Espíritu, que vive de la relación personal con Cristo, haciendo constantemente propios los criterios evangélicos? ¿Quién es el presbítero, si no un hombre de unidad y de verdad, consciente de sus propios límites y, al mismo tiempo, de la extraordinaria grandeza de la vocación recibida, la de ayudar a extender el Reino de Dios hasta los extremos confines de la tierra? ¡Sí! El sacerdote es un hombre todo del Señor, porque es Dios mismo quien le llama y le constituye en su servicio apostólico. Y precisamente siendo todo del Señor, es todo de los hombres, para los hombres. Durante este Año Sacerdotal, que se extenderá hasta la próxima Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús, oremos por todos los sacerdotes. Que se mutlipliquen en las diócesis, en las parroquias, en las comunidades religiosas (especialmente en las monásticas), en las asociaciones y los movimientos, en las diversas agregaciones pastorales presentes en todo el mundo, iniciativas de oración y, en particular, de adoración eucarística, por la santificación del clero y por las vocaciones sacerdotales, respondiendo a la invitación de Jesús a orar “al dueño de la mies que envíe obreros a su mies” (Mt 9,38). La oración es la primera tarea, el verdadero camino de santificación de los sacerdotes, y el alma de la auténtica “pastoral vocacional”. La escasez numérica de ordenaciones sacerdotales en algunos países no sólo no debe desanimar, sino que debe empujar a multiplicar los espacios de silencio y de escucha de la Palabra, a cuidar mejor la dirección espiritual y el sacramento de la confesión, para que la voz de Dios, que siempre sigue llamando y confirmando, pueda ser escuchada y prontamente seguida por muchos jóvenes. Quien reza no tiene miedo; quien reza nunca está solo; ¡quien reza se salva! Modelo de una existencia hecha oración es sin duda san Juan María Vianney. María, Madre de la Iglesia, ayude a todos los sacerdotes a seguir su ejemplo para ser, como él, testigos de Cristo y apóstoles del Evangelio.

[Tras los saludos en las diversas lenguas]

Saludo de corazón a los peregrinos italianos presentes, dirijo ante todo una cordial bienvenida a los miembros del Instituto de Cristo Redentor -Misioneros Identes-, que recuerdan el quincuagésimo aniversario de su fundación, y rezo para que continuen, con gran generosidad, anunciando a Jesucristo, Salvador del mundo. Saludo a los representantes de la Consulta Nacional contra la Usura y les agradezco por la importante y apreciada obra que llevan a cabo junto a las víctimas de esta plaga social, auguro que haya por parte de todos un renovado empeño por luchar eficazmente contra el fenómeno devastador de la usura y de la extorsión, que constituye una humillante esclavitud. Que no falte por parte del Estado una ayuda adecuada y a poyo a las familias afectadas y en dificultad, que tienen el valor de denunciar a aquellos que se aprovechan a menudo se su trágica condición. Saludo también a los representantes de la Asociación interparlamentaria “Cultori dell’etica”, cuya presencia me ofrece la oportunidad de subrayar la importancia de los valores éticos y morales en la política.

Dirijo finalmente un cordial saludo a los jóvenes, a los enfermos y a los recién casados. Muchos de vosotros, queridos amigos, tendréis en estos meses la posibilidad de tomar un periodo de vacaciones, y auguro que sea para todos sereno y fructífero. Pero también hay muchos que, por razones diversas, no podrán disfrutar de las vacaciones. Que os llegue, queridos hermanos y hermanas, mi afectuoso saludo con el augurio de que no os falten la solidaridad y la cercanía de las personas queridas. Dirijo un pensamiento especial finalmente a los jóvenes que en estos días están haciendo los exámenes, y aseguro para cada uno un recuerdo en la oración. Que vele sobre todos con su amor el Señor, a quien invocamos con el canto del Pater noster.

16.10.09

Benedicto XVI, un Papa para el futuro "El nuevo Papa sonríe y la oración se trasluce en sus ojos. Se llamaba Ratzinger, un cardenal que ha muerto en e

"El nuevo Papa sonríe y la oración se trasluce en sus ojos. Se llamaba Ratzinger, un cardenal que ha muerto en este Cónclave para convertirse en el Primer Papa del tercer milenio". Artículo publicado en el vespertino 'Ahora'.

19 de abril de 2005



Un río humano discurre por las calles de Roma, lleno de gentes jubilosas que se dirigen hacia la Plaza de San Pedro, con la vista fija en la fachada de Maderno, donde un altorrelieve representa el momento en el que Jesucristo entrega las llaves de la Iglesia a un pobre pescador. Ya ha alegrado el cielo de Roma la humareda blanca y la muchedumbre expresa su alegría.

Esto representa un primer punto de reflexión. Estas gentes no aguardan a conocer al hombre concreto para manifestar su gozo. Un católico no necesita conocer el perfil concreto del elegido para alegrarse. Para el pueblo fiel lo importante es que Iglesia cuenta ya con un Pastor: el nombre, la persona, el color de la tez, importa menos: lo decisivo es que ese hombre, sea quien sea, se ha convertido en Pedro, en el nuevo Vicario de Cristo. Su origen geográfico, su edad, son anécdotas, elementos secundarios: es al sucesor del Príncipe de los Apóstoles al que se aguarda, al que se aplaude.

Por esa razón, este júbilo, además de ser una manifestación de entusiasmo, tiene un gran sentido y calado teológico. No sabemos cuanto durará este Papado: ¿veintantos años, como los del último Papa, o treinta y tres días, como los del penúltimo?

Suena un nuevo fragor de aplausos. Se abren las grandes cristaleras y aparece la silueta del cardenal Medina, mientras caen algunas gotas.

“Hermanos y hermanas queridísimos –dice en italiano. Luego pronuncia la misma expresión en castellano, en francés, en inglés, en alemán. Os anuncio una gran alegría… Habemus papam!

Una oleada de alegría recorre la Plaza de san Pedro, la avenida de la Conciliación y las calles de Roma. Hay personas asomadas a todos los balcones y terrazas que dan a esta Plaza, y a las pantallas de televisión del mundo entero. Pocos acontecimientos de nuestra sociedad globalizada adquieren una dimensión tan global como ésta.

-… qui sibi nomen imposuit… Benedictus XVI

Nuevos aplausos en la plaza de San Pedro. Benedicto XV. Ha elegido el nombre del Pontífice de la paz, del Papa evangelizador.

“Queridos hermanos y hermanas –dice Benedicto XVI- después del gran Papa Juan Pablo II los señores cardenales me han elegido a mí, que soy un humilde trabajador de la viña del Señor… me consuela el hecho de que el Señor se sirve de instrumentos insuficientes y confío en vuestras oraciones.

Sigue una invocación a Cristo Resucitado y a la Virgen. La gran estola de bordados dorados sobre la brillante esclavina roja. El nuevo Papa sonríe y la oración se trasluce en sus ojos. Se llamaba Ratzinger, un cardenal que ha muerto en este Cónclave para convertirse en el Primer Papa del tercer milenio.

José Miguel Cejas, escritor

13.10.09

Visita de Benedicto XVI a la República Checa

«El amor de Cristo es nuestra fuerza» ha sido el lema de este viaje apostólico de Benedicto XVI a la República Checa, que ha tenido lugar entre el 26 y el 28 de septiembre

01 de octubre de 2009



Benedicto XVI visitó la República Checa, en su decimotercer viaje que realizó al extranjero desde que fue elegido Papa. En los tres días que duró la visita, pronunció diez discursos y celebró dos misas multitudinarias, además de entrevistarse con las principales autoridades políticas e institucionales del país.

Durante estos días hemos informado de la visita del Santo Padre a este país que cuenta con algo más de 10 millones de habitantes, y que en noviembre celebra los veinte años del fin del comunismo con la 'Revolución de terciopelo'.

Una misión en el corazón de Europa. Artículo de Gustavo Monge, periodista que vive en Praga.

"El interés por la religión crece continuamente": Entrevista a Jean-Philippe Huet, sacerdote del Opus Dei que vive en la República Checa.

Programa del viaje apostólico de Benedicto XVI a la República Checa

"Visita de Benedicto XVI a la República Checa": artículo publicado por Tomaš Váňa en Aceprensa

9.10.09

Ratzinger, Papa Benedicto XVI

El cardenal Joseph Ratzinger ha sido elegido Sumo Pontífice, 264 sucesor del apóstol Pedro, tomando el nombre de Benedicto XVI.


19 de abril de 2005
Vatican Information Service



A las 18,43, después de aparecer la "fumata" blanca, el cardenal protodiácono, Jorge Arturo Medina Estévez, dio el anuncio a las gentes desde la "loggia" o balcón externo de la Bendición de la basílica vaticana, con estas palabras:

Annuntio vobis gaudium magnum;
habemus Papam:
Eminentissimun ac Reverendissimum Dominum,
Dominum Josephum
Sanctæ Romanæ Ecclesiæ Cardinalem Ratzinger
qui sibi nomen imposuit Benedictum XVI.


(Os anuncio con gran alegría:
Tenemos Papa,
El eminentísimo y reverendísimo Señor,
Señor, Joseph
Cardenal, de la Santa Iglesia Romana, Ratzinger
Que ha tomado el nombre de Benedicto XVI)


El cónclave que ha llevado a la elección de Benedicto XVI comenzó el lunes, 18 de abril, en la Capilla Sixtina del Palacio Apostólico Vaticano, con el "extra omnes" intimado a las 17.25 por el maestro de las Celebraciones Litúrgicas Pontificias, el arzobispo Piero Marini, tras el juramento de los 115 cardenales electores.

La primera "fumata" negra apareció a las 20,04 del mismo día. Al día siguinte, 19 de abril, la "fumata" negra fue a las 11,52 .



La fumata blanca apareció a las 17,50 del martes 19 de abril.

A las 18,48, el Santo Padre Benedicto XVI, precedido por la Cruz, se asomó a la "loggia" exterior de la basílica para saludar a la multitud e impartir la bendición apostólica "Urbi et Orbi" (a la ciudad y al mundo).

Antes de la bendición, el nuevo pontífice dirigió estas palabras a los fieles:

"Queridos hermanos y hermanas: Después del gran Papa Juan Pablo II, los cardenales me han elegido, a mí, un sencillo y humilde obrero de la viña del Señor. Me consuela el hecho de que el Señor sabe trabajar y actuar incluso con herramientas insuficientes y sobre todo me confío a vuestras oraciones. En la alegría del Señor Resucitado, confiados en su ayuda permanente, prosigamos. El Señor nos ayudará y María, su Madre Santísima, estará a nuestro lado. Gracias".

Terminado el cónclave, el Santo Padre Benedicto XVI, ha decidido cenar con todos los cardenales en la "Domus Sanctae Marthae", donde reposará esta noche. Mañana, a las 9,00, el Papa presidirá la concelebración eucarística con los cardenales en la Capilla Sixtina y pronunciará la homilía en latín.

La Misa de inauguración solemne del pontificado se celebrará en San Pedro el domingo 24 de abril a las 10 de la mañana.


8.10.09

"¿Qué tengo que hacer para que mi vida tenga sentido?"

"Cuando os miro, jóvenes, asumo la mirada de Cristo, con la certeza de que habéis encontrado el camino verdadero". El Papa ha dado ánimos para luchar por los ideales a los 350.000 jóvenes que acudieron a Sao Paulo. Informamos también del encuentro con los obispos brasileños.

Poco antes de las 18,00 (23,00 de Roma) Benedicto XVI llegó al estadio municipal Paulo Machado de Carvalho de Pacaembu, donde fue recibido por más de 40.000 jóvenes, mientras decenas de miles seguían el acontecimiento a través de pantallas gigantes fuera del estadio. El Papa presidió una Liturgia de la Palabra, durante la cual se leyó el Cántico de las Criaturas mientras se proyectaban imágenes del paisaje brasileño.

El Papa se dirigió a los participantes en el encuentro citando las palabras de Juan Pablo II durante su visita al Mato Grosso en 1991: "Los jóvenes son los primeros protagonistas del tercer milenio, trazarán el destino de esta nueva etapa de la humanidad".



¿QUÉ HACER PARA CONSEGUIR LA VIDA ETERNA?

El tema central de la homilía papal fue el diálogo entre Jesús y el joven rico que narra el Evangelio de San Mateo y cuyo punto clave es la pregunta ¿"Qué hacer para conseguir la vida eterna?".

"La pregunta del Evangelio -explicó el Papa- no se refiere solo al futuro. Ni tampoco solamente a lo que sucederá después de la muerte. Por el contrario, exige un compromiso con el presente, aquí y ahora, que debe garantizar la autenticidad y, en consecuencia, el futuro. Pone en cuestión el sentido de la vida. Por eso, se podría formular así: ¿Qué tengo que hacer para que mi vida tenga sentido?".

"CUANDO OS MIRO..."

"¡No derrochéis vuestra juventud, no intentéis escapar de ella. Consagradla a los altos ideales de la fe y la solidaridad humana!".
Cristo, "un maestro que no engaña, nos invita a ver a Dios en todas las cosas, incluso donde la mayoría ve solo la ausencia de Dios" y alienta al joven rico a "seguir los mandamientos, en cuya base se encuentran la gracia y la naturaleza que nos estimulan a hacer algo para realizarnos" y "realizarse por medio de la acción es hacerse reales".

"Oímos hablar de los miedos de la juventud de hoy que nos desvelan una carencia enorme de esperanza -dijo Benedicto XVI-, miedo de morir, de fracasar por no haber encontrado el sentido de la vida, miedo de quedarse fuera, frente a la rapidez desconcertante de los hechos y las comunicaciones. Pero cuando os miro, jóvenes aquí presentes asumo la mirada de Cristo, una mirada de amor y confianza, con la certeza de que habéis encontrado el camino verdadero. ¡Sois los jóvenes de la Iglesia! ¡Sed los apóstoles de los jóvenes!".

"Hay, en último análisis, un inmenso panorama de acción -observó el Papa- donde las cuestiones de orden social, económico y político adquieren un relieve particular, siempre que su fuente de inspiración sean el Evangelio y la doctrina social de la Iglesia. La construcción de una sociedad más justa y solidaria, reconciliada y pacífica, el compromiso para frenar la violencia, las iniciativas de promoción de la vida plena, del orden democrático y del bien común y, especialmente las que se proponen eliminar determinadas discriminaciones existentes en las sociedades latinoamericanas no son motivo de exclusión sino de enriquecimiento recíproco".

EL ENAMORAMIENTO, EL NOVIAZGO, EL MATRIMOINO

El Papa pregunta: "¿Qué tengo que hacer para que mi vida tenga sentido?". Y responde: "La juventud se presenta como una riqueza porque lleva al descubrimiento de la vida como entrega y como tarea".
El Santo Padre invitó también a los jóvenes a tener "un gran respeto por la institución del sacramento del matrimonio" y "al respeto mutuo durante el enamoramiento y el noviazgo, pues la vida conyugal, que por disposición divina está reservada a los casados, será fuente de felicidad y de paz en la medida en que sepáis hacer de la castidad, dentro y fuera del matrimonio, un baluarte de vuestras esperanzas futuras". El Papa recordó que algunos "están llamados a una entrega total y definitiva para consagrarse a Dios en la vida religiosa, testimoniando la esperanza en el reino celestial entre los seres humanos".

"La juventud se presenta como una riqueza -dijo Benedicto XVI retomando el diálogo entre Jesús y el joven rico- porque lleva al descubrimiento de la vida como entrega y como tarea", pero el joven del Evangelio, "en el momento de la gran opción, no tuvo el valor para apostar todo por Jesucristo, entendió que le faltaba generosidad y así no pudo llegar a la plena realización".

"No derrochéis vuestra juventud, no intentéis escapar de ella. Consagradla a los altos ideales de la fe y la solidaridad humana. Jóvenes, vosotros no sois solamente el futuro de la Iglesia y de la humanidad, como si se tratase de una fuga del presente. Al contrario: sois el presente joven de la Iglesia y de la humanidad. Sois su rostro joven; sin él, la Iglesia estaría desfigurada".



MEDIO AMBIENTE

El Papa también habló del valor de la ecología: "La caridad de Dios es infinita y el Señor nos pide, o mejor nos exige que abramos nuestros corazones, para que contengan cada vez más amor por nuestros semejantes y por los problemas que atañen no solo a la convivencia humana sino también a la defensa y la custodia del ambiente natural del que todos formamos parte".

"Nuestros bosques tienen más vida": no dejéis que se apague esta llama de esperanza que el himno nacional pone en vuestras bocas -exclamó el Santo Padre- La devastación ambiental de las Amazonas y las amenazas a la dignidad humana de sus poblaciones exigen un compromiso más decidido en todos los ambientes sociales".

7.10.09

"África: un inmenso pulmón espiritual para la Humanidad"

Palabras de Benedicto XVI en la apertura de la II Asamblea Especial para África del Sínodo de los Obispos que se celebrará en el Vaticano hasta el 25 de octubre

06 de octubre de 2009

Benedicto XVI presidió el pasado 4 de octubre la concelebración eucarística con 239 padres sinodales y 55 colaboradores, con ocasión de la apertura de la II Asamblea Especial para África del Sínodo de los Obispos, que se celebrará en el Aula del Sínodo del Vaticano hasta el 25 de octubre.

En la homilía, el Santo Padre comentó tres aspectos de la liturgia de la palabra de hoy: que guardan relación con las sesiones de trabajo sinodales: el primado de Dios, Creador y Señor, el matrimonio y los niños.

"Sobre el primer aspecto -dijo-, África es depositaria de un tesoro inestimable para el mundo entero: su profundo sentido de Dios. (...) Cuando se habla de los tesoros de África, en seguida se piensa en los recursos de los que es rico su territorio y que desgraciadamente se han convertido y siguen siendo motivo de explotación, de conflicto y de corrupción. En cambio, la palabra de Dios nos hace mirar otro patrimonio: el espiritual y cultural, que la humanidad necesita aún más que las materias primas".

El Papa subrayó que "África representa un inmenso "pulmón" espiritual, para una humanidad que sufre una crisis de fe y esperanza. Pero este "pulmón" puede enfermar. Y, por el momento, al menos dos peligrosas patologías lo están atacando: ante todo, una enfermedad que ya está extendida en el mundo occidental, es decir, el materialismo práctico, combinado con el pensamiento relativista y nihilista".

"Es indiscutible -continuó- que a veces el llamado "primer" mundo ha exportado, y sigue exportando, tóxicos desechos espirituales, que contagian a las poblaciones de los demás continentes, en especial las africanas. En este sentido el colonialismo, terminado en el plano político, no se ha acabado del todo".

El Santo Padre dijo que el segundo "virus" "que podría afectar también a África, es el fundamentalismo religioso, mezclado con los intereses políticos y económicos. Grupos que pertenecen a diferentes religiones se están extendiendo en el continente africano; lohacen en nombre de Dios, pero según una lógica opuesta a la divina, es decir, enseñando y practicando no el amor y el respeto de la libertad, sino la intolerancia y la violencia".

En cuanto al tema del matrimonio, "así como la Biblia nos lo presenta, no existe fuera de la relación con Dios. La vida conyugal entre el hombre y la mujer, y por lo tanto de la familia que genera, está inscrita en la comunión con Dios y, a la luz del Nuevo Testamento, es un icono del Amor trinitario y sacramento de la unión de Cristo con la Iglesia. En la medida en que custodia y desarrolla su fe, África podrá encontrar unos recursos inmensos para donar en provecho de la familia fundada en el matrimonio".

Benedicto XVI afirmó que en la escena de Jesús que acoge a los niños, "vemos la imagen de la Iglesia que en África, y en cualquier otra parte de la tierra, manifiesta su maternidad sobre todo hacia los más pequeños, incluso cuando aún no han nacido".

"Sigue siendo naturalmente válida y actual -añadió- la tarea primaria de la evangelización, es más, de una nueva evangelización que tenga en cuenta los rápidos cambios sociales de nuestra época y del fenómeno de la globalización mundial".

El actual sínodo, cuyo tema es: "La Iglesia a África al servicio de la reconciliación, de la justicia y de la paz "Vosotros sois la sal de la tierra... Vosotros sois la luz del mundo", "es un momento propicio -dijo- para replantearse la actividad pastoral y renovar el impulso de evangelización. Para ser luz del mundo y sal de la tierra hay que aspirar siempre al "listón más alto" de la vida cristiana, es decir, la santidad".

"Que la Iglesia en África -pidió- sea siempre una familia de auténticos discípulos de Cristo, donde la diferencia entre etnias se convierta en motivo y estímulo para un recíproco enriquecimiento humano y espiritual".

El Santo Padre resaltó que la reconciliación "es el cimiento estable sobre el que construir la paz, condición indispensable para el auténtico progreso de los hombres y de la sociedad, según el proyecto de justicia querido por Dios".

Antes de concluir, el Papa pidió a todos que rezaran por los frutos de la II Asamblea Especial para África, cuyos trabajos comienzan mañana.